Celestial Bums

Nada cuadraba conmigo en aquel colegio de Bilbao. Ni el modo de enseñar ni lo enseñado. Ni aquel Dios al que rezaban ni la meta que proponían a los alumnos.

Jesuítas… la Compañía de Jesús. Cuando hice el servicio militar no encontré diferencia alguna. Sargentos, curas, subtenientes, hermanos… Todos eran iguales. Disciplina y sumisión no son palabras válidas para un adolescente con sueños de libertad candentes como brasas.

Y vaya que me quemaban esos sueños. Mientras la mayoría de mis compañeros fijaban su meta en la Universidad de Deusto o en la Escuela de Ingenieros, yo fijaba la mía en el viaje, en las olas, en el puro camino. Nada de metáforas y parábolas. Yo quería ser vagabundo… un vagabundo de las estrellas… aunque no supiera aún quién era Kerouac, y aunque cuando lo supe toda aquella historia del budismo me trajera sin cuidado porque yo ya estaba vacunado contra la divinidad.

Logré que me expulsaran de aquel colegio. Comenzaba mi viaje y estaba alegre por ello. La poesía se hizo patente en mi vida y en mis cuadernos. Todo el mundo, absolutamente todo, estaba al alcance de mis piernas y de mi corazón.

“… andan escribiendo poemas que surgen de sus cabezas sin motivo y siendo amables y realizando actos extraños que proporcionan visiones de libertad eterna a todo el mundo y a todas las criaturas vivas.”

Celestial Bums. The starry nightEntonces, muchos años después, cuando considero alcanzada y superada aquella meta de juventud, llega a mis oídos una música que me habla de todo ello… Celestial Bums… una banda psicodélica de Barcelona. Los escucho en un bucle durante horas y lo mismo me llevan atrás en el tiempo que me disparan hacia el futuro. Cierro los ojos y sonrío; no tengo miedo ni esperanza, me basta con saber que el viaje continúa, que es precioso y que las brasas continúan vivas.

Qual l’alto Aegeo, perchè Aquilone o Noto
Cessi, che tutto prima il vuolse e scosse,
Non s’achetta ei però: ma’l sono e’l moto,
Ritien de l’onde anco agitate e grosse.

Como el Egeo, aunque los recios vientos
que le agitaron ya vayan calmando,
no se aquieta, el sonido y movimientos
en sus hinchadas olas aún durando…

Tasso, Jer. Lib. 12,63