Descripción de un piso en El Raval

Descripción de un piso en El Raval. Willy Uribe, 2015. Tengo Sitio LibreCada vez que enderezaba la lámina de la Kaaba, en La Meca, esta no tardaba en volver a caer hacia un lado. Sin duda era un hecho importante, toda una señal… así que dejé de enderezar nada, mucho menos al Dios de mis compañeros de piso.

En cuanto al cuadro de la derecha, el paisaje se asemeja a algún pueblo del curso alto del río Segura, lleno de cañones de piedra y casas colgantes. Solía volar por allí en otoño haciendo fotos, ya pasado el verano y sus tormentas de calor. Recuerdo un castillo moro en lo alto de un risco; a sus pies, el río atraviesa los colores ocres y amarillos de un bosque y se pierde tras un recodo.

El ventilador es de alta gama, silencioso, y con una velocidad capaz de arrancar la calva a un calvo. A mis compañeros de piso les gustaba dormir sobre el suelo y bajo el ventilador, y creo que si hubieran podido habrían arrancado el techo para ver el cielo.

– En mi tierra dormimos en la azotea durante el verano. Aquí hace mucho calor – decía Mayid.

Cierto. El barrio de El Raval es un horno en verano y una nevera en invierno. Creo que el motivo es la piedra con la que está hecho, muy ágil para la termodinámica.

Al fondo de la fotografía puede observarse la manta que me dejó Yamal el invierno pasado, cuando Barcelona tuvo durante unos días las cumbres nevadas. Era muy suave, calentita y de imitación a piel de leopardo… me molaba un huevo.

Las puertas cerradas de los costados son las habitaciones de Mayid y Yamal. Tras el objetivo de la cámara está la cocina, la ducha, el retrete y la habitación de Tzurai, un orondo georgiano capaz de comerse un cerdo él solo y que trabajó como Papá Noel las navidades pasadas. Decía que era profesor de universidad represaliado por Moscú, pero nadie en su sano juicio se tragaría nada de lo que decía Tzurai… excepto lo de Papá Noel. Llegaba así vestido a casa, el tío, con caramelos y globos. Y como pasábamos de él, insistía en recordarnos con efusividad que era Navidad sin darse cuenta de que estaba ante dos devotos de Alá y un ateo radical.

– En el Cáucaso todos locos y con pistola – sentenció Yamal una vez.

Entonces Tzurai se echó a reir y dijo que él era Papá Noel y que no podía llevar pistola al trabajo, así que la dejaba bajo el colchón. También le dijo que si quería se la enseñaba, pero Yamal rehusó la propuesta y le ignoró.

Junto a la cocina está la puerta de la escalera. Me gustaba cruzar ese umbral y desprenderme del interior. Aunque una vez en la calle no dejara de observar personas y ventanas e imaginar historias tras todas ellas; el joven griego que lucha por acabar su doctorado de historia; los dos niños filipinos nacidos el mismo día; la pareja de argentinos que buscan sala para sus tangos; la chica ucraniana que bebe demasiado; la familia de Bangladesh en aquel piso minúsculo; Buba con su sonda para la orina, su carro de chatarra y su cojera; Biel el de Girona empeñado en lograr un trabajo digno y una habitación mejor; Abdul, el pinche de cocina que me pidió disculpas tres veces por romper el Ramadán…