El lujo

Peret ©. Barcelona, 2013Existe lo necesario y lo inútil. Pero existe, del mismo modo tajante, lo lujoso. Téngase en cuenta que lo lujoso no es lo supérfluo; es tan indispensable como lo necesario, pero de otra índole. En manos de lo vulgar el lujo se convierte en fatuidad: Nada hay menos aparente que el lujo. Los efectismos lo abaratan. Ni más silencioso: anda sobre alfombras. El lujo no es un objeto, es un proceder. Quien compra una piedra preciosa es un cliente más; quien la adquiere sin medios – o la roba – es un ser lujoso. En la casa del rico el lujo es obligatorio e inoperante; no demuestra nada. Pero si lo descubrimos inesperado, como un oasis, en medio de la penuria de la existencia, entonces es cuando se nos revela como lo que es, un manantial del alma. Se es lujoso por naturaleza, no por condición social.

Breviarium Vitae. Juan Gil-Albert.