El palacio y el laberinto

El palacio se levanta sobre una preeminencia que domina el valle del Ceratos. El arquitecto aprovechó el declive del terreno para distribuir el conjunto en dos planos: el ala oriental se halla a un nivel inferior con respecto al patio central y al resto del edificio. Al oeste del amplio patio – de unos 60×29 m. – se levantaban los santuarios y las salas de recepción, especialmente el salón del trono, precedido por un estanque para las purificaciones; seguían luego, separados por un largo pasillo de dirección norte-sur, los almacenes, en los que guardaban los minos sus riquezas en enormes pithoi. Al este, a ambos lados de un corredor este-oeste, se levantaban los talleres y los departamentos privados – gran sala de las dobles hachas y dependencias de la Reina -. Al sur, las dependencias de los sirvientes; al norte, los cercados y el teatro, que Homero aún evoca en dos versos de la Ilíada: “La plaza de baile, que, en la anchurosa Cnosos, tiempo ha construyó el arte de Dédalo para Ariadna, la de hermosas trenzas”.

El conjunto es de una gran complejidad, por la multitud de habitaciones, corredores, pequeños patios y escaleras que conducen a los pisos. El nombre de laberinto, que quizá se refiriese a “este palacio de la doble hacha”, y el de Dédalo, su mítico arquitecto, han quedado como símbolo de este extraño edificio, del que Teseo, según la leyenda griega, sólo pudo salir gracias al amor y astucia de Ariadna.

Pierre Lévêque. La aventura griega. Editorial Labor, 1968.

Parque del Laberinto. Horta. Barcelona. Marzo 2016. WU PHOTO © Willy Uribe

 

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