Seis meses en Can Cordeta, Formentera

Habiendo vivido siempre en un pueblo del País Vasco, y con alma y cerebro pidiendo un cambio, quise conocer el ritmo de vida de una gran ciudad y me mudé a Barcelona. Tras cuatro años allí, vencido por el ruido y el barullo constantes, busqué el pulso de una pequeña isla mediterránea y me mudé a Formentera, en las Baleares.

Gracias a una fina y afortunada carambola a tres bandas llegué a Can Cordeta, una vieja casa payesa rodeada de campo, silencio y cielos abiertos. Allí, conviviendo con Carlota, Benedeta, Estéfano, Ken, Manu, Mauro, Paolo y Viky encontré lo que andaba buscando: calma, sosiego, excelentes compañeros… y buenísima comida (¡gracias mil, Paolo Gallo!).

Formentera, o te escupe o te acoge, me dijo alguien nada más desembarcar en el puerto de La Savina. Medio año después, sabiendo lo que busco y quién soy, y aun consciente de los aspectos negativos de esta isla, puedo decir que me ha acogido con los brazos abiertos y que vivo en un magnífico lugar.

 

 

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